miércoles, 30 de abril de 2014

Las cinco llaves de la tierra - Pág. 82-85

En ese momento, observé fijamente los ojos de Lorea y me di cuenta de que una lágrima se le escurría a través de la mejilla, bajaba hasta su cuerpo y desaparecía en su ropa. Estaba llorando por nosotros, por lo seres humanos y por la forma en que ella consideraba que habíamos desperdiciado las grandezas que teníamos desde que nos habíamos formado como sociedad. No quise interrumpirla y continué escuchando:
—Los seres humanos, al igual que nosotros, son seres sociales, y debido a ello viven en colectividad. El elemento principal de estas sociedades que nos rigen, tanto a vosotros como a nosotros, es la familia, y ésta es el núcleo central de nuestros valores y de nuestra estructura. Al igual que en tu planeta o célula, la familia es un elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Los lazos principales que definen a una familia, tanto en tu planeta como en el mío, son los vínculos de afinidad derivados del establecimiento de un vínculo reconocido socialmente, como el matrimonio que, en algunas sociedades, sólo permite la unión entre dos personas, mientras que en otras es posible la poligamia. —Prosiguió Lorea—. Como verás, no te estoy diciendo nada nuevo, nada que tú no sepas. Todo lo que te estoy diciendo es exactamente igual, pero la razón de comentarlo es que la familia representa el elemento principal, aquella que se encarga de inculcar a los más pequeños los valores de la herencia cósmica y espiritual, lo que hará que esta persona sea un individuo de bien o actúe negativamente el día de mañana. Los primeros siete años de vida de una persona son los que te dan esa razón de ser, ese crecimiento y los que te vinculan hacia lo que será tu futuro. Posteriormente, existen elementos externos a la familia, como la comunidad en la que vives o la escuela, que serían nuestro segundo hogar. Pero en tu planeta, aunque todo se rige de la misma forma, se establece de otra manera. Además, en cuanto a sociedades, aún existe una separación muy grande de ideologías, y el ser humano es tonto y testarudo debido a que no acepta la diferencia.
En ese momento, el Coronel Nino interrumpió y dijo:
—Lorea, es hora de partir, debemos irnos porque el portal se cerrará. Se ha habilitado únicamente por veinticuatro horas y Daniel lleva aquí ya siete. Tenemos sólo diecisiete horas para mostrarle todo lo demás.
—Espero que entiendas todo lo que intento decirte —comentó ella, mirándome fijamente a los ojos—. Muchas cosas son nuevas para ti, pero otras no, por lo que sé que sabrás interpretar todo, y cuando
llegue el momento sabrás tomar una decisión.
Nos levantamos y caminamos hacia la sala contigua a la que estábamos, era como una base de estacionamiento para naves espaciales. Lorea se dirigió a la tercera y me dijo:
—Dame tu mano.
Yo extendí la palma de mi mano y ella me dio un artefacto metálico parecido al que usaba y con el cual había abierto el punto de luz para llegar hasta Casio unas horas antes. Me miró directamente a los ojos y añadió:
—Este aparato que te estoy dando, como ya te dije, es un Pactros y sirve para abrir portales, pero no por el simple hecho de abrirlos, debes tener un nivel de energía superior a tu nivel normal. Sólo podrás utilizarlo cuando aumente el potencial del uso de tu cerebro. Por ahora, debes ponértelo. Por sí sólo, a ti no te servirá, pero a través del contacto con nuestros aparatos en Casio, te será de mucha utilidad en estas diecisiete horas. En algún momento en la Tierra habrá alguien que te enseñe a utilizarlo.
Yo estaba asombrado por todo lo que me decía y más aún por haberme dado un Pactros, ¿de qué privilegios gozaba para poder tener uno? No lo sabía, pero era mío, por lo que intenté no decir nada y continuar escuchando:
—Existe un botón en el Pactros que hace que se vuelva invisible y así nadie lo podrá detectar cuando vuelvas a la Tierra. Al ponértelo, es como si no lo usaras. El Pactros se vuelve una parte de ti. En Casio lo usamos desde que nacemos y va tomando forma según vamos creciendo. Es nuestro medio de comunicación, pues sirve de teléfono móvil, de pantalla televisora o de audio. Nos ayuda a controlar la parte
sensible de la mente y hace que el aprendizaje en nosotros mismos sea mayor. Con el Pactros, al llegar a la edad adulta, y con constante estudio, claro está, podemos dominar cien de las ciento cuarenta y dos lenguas que hay en Casio, pero esto no quiere decir que tu nivel de inteligencia aumente con él. Lo único que hace es activar el nivel de inteligencia que tienes por haber sido dotado de ese cerebro, que es exactamente igual al que yo tengo, pero lo has usado de distinta forma. Por ello, la única manera de contactar con el Pactros es a través de la meditación y de la activación de la energía que tienes a tu alrededor.
Lorea se acercó a la puerta de la nave, levantó su mano derecha y activó su Pactros, por lo que un rayo de luz salió disparado hacia la entrada y eso hizo que se abriera. Posteriormente, se dirigió hacia mí y me dijo:
—He hecho contacto con la nave gracias al Pactros. Es como si la nave tuviera vida propia y escuchara mis pensamientos, pues todo lo que digo, ella lo hará. Anda, entra.
Accedí y comenzamos a escuchar al Coronel Nino que gritaba:
—¡Esperad!, ¡esperad!, ¡yo también voy!
Entramos en la nave con dirección a Laus, la ciudad más cercana a la isla en la que estábamos. En el camino, Lorea me siguió hablando acerca de la meditación. Prosiguió con la conversación, pero siempre
hacia un comparativo de lo que era el Planeta Tierra con Casio y, por lo que podía observar, siempre ponía a Casio muy en alto...