miércoles, 26 de febrero de 2014

Acemoglu y Robinson. Capítulo 2. Teorías que no funcionan (mi crítica a los autores)

En el capítulo número 2, Acemoglu y Robinson intentan desmentir las distintas teorías que han aparecido sobre el subdesarrollo de los estados. Comienzan hablando de que los territorios más ricos hoy día, económicamente hablando, son los estados colonizados por Inglaterra, y se preguntan ¿qué hace que esto sea así?

Posteriormente hablan sobre la hipótesis geográfica, comienzan hablando de Montesquieu, quien afirmaba que los habitantes de los países tropicales tendían a ser holgazanes y a no ser nada curiosos, lo que explicaría el fracaso económico y las dictaduras. Ellos desmienten esta teoría argumentando el capítulo número 1 del libro, Nogales (Arizona) y Nogales (México), donde hablan que ambas regiones comparten un clima parecido, pero que, lo que realmente diferencia a estas dos zonas es la frontera que las divide. Además hacen mención que este fenómeno del clima en América no podría resultar posible y hacen una inmersión en la historia argumentando que en América la región del sur del trópico de cáncer y la región del norte del trópico de capricornio siempre fue más prospero que la parte del norte y la parte del sur, del continente.

No obstante, desde mi punto de vista, en este sentido se contradicen, porque la intensión de los autores en el capítulo 2 es comparar la situación de un país como México y Estados Unidos, y aunque en el tema de la teoría geográfica los comparan, también hablan sobre Argentina y Chile, argumentando que son países más prósperos que otros países en América Latina, pero los autores siguen argumentando las diferencias entre Estados Unidos y México, y nunca abordan el tema de que en el aspecto económico un país como México es más prospero que países como Argentina o Chile, y eso no lo hacen porque un argumento así pondría en dudas el interés de su tesis.

Hacen referencia a la riqueza en Asia, y hablan sobre la forma en que las regiones de China e India eran más prósperas que todas las demás, siendo de climas más cálidos, no obstante países como Australia o nueva Zelanda los sobrepasaron y hoy en día tienen una riqueza mucho mayor que otras regiones, junto con Corea del Sur, Singapur y Japón. En este sentido se olvidan de que China es la segunda potencia a nivel mundial, que aunque existen diferencias en los ingresos de los habitantes, en china, con sus 1400 millones de personas, la economía ha aumentando y alrededor de unas 300 millones de personas han pasado a ser gente de clase media. En este sentido quiero pensar que ellos se refieren a la historia del pasado, y no a lo que está comenzando a acontecer hoy en día.

Terminan el argumento diciendo que en África la región más prospera es Sudáfrica, siendo que la zona sur del continente siempre fue la que estuvo más deshabitada, con asentamientos esporádicos y poco desarrollada.

Una cosa que sí que comparten estas regiones es que fueron colonizadas por ingleses y la pregunta es, ¿Cómo es posible que habiendo sido zonas deshabitadas y con poco desarrollo al tener el contacto con los ingleses se desarrollaron y sobrepasaron incluso a zonas que eran anteriormente más fértiles?, lo que yo puedo responder y así ayudar a los autores a desmentir esta hipótesis es que anteriormente eran otros los intereses de cada región, y aunque habían avances tecnológicos en muchas lugares, hoy en día da igual el tipo de clima de la región, ya que los intereses y las tecnologías son otras. Y eso es lo que han aportado países con climas malos, “tecnologías”, eso es lo que ha hecho que se desarrollen.

En cambio, para los países de climas tropicales, ha cambiando el paradigma, y lo que anteriormente les daba un mayor desarrollo que era los alimentos, hoy en día eso ha pasado a ser secundario, no obstante, los alimentos siguen siendo producidos en los países de clima templado, aunque el plus surge en que estos alimentos cultivados y creados en climas templados, han buscado la forma de procesarlos y aumentar la plusvalía, y este procesamiento lo han hecho los países del norte, pues han buscando una nueva forma de desarrollarse. 

Anteriormente la gente buscaba asentamientos en climas tropicales pues era la única forma de subsistir y alimentarse. Hoy en día, hay productores/exportadores de alimentos, como materias primas, y da igual que los países de clima frío no tengan alimentos, pues los compran, pero también los procesan y aumentan su valor muchas veces más, y los regresan procesados a los países de climas cálidos con valores estrafalarios.

Acemoglu y Robinson hacen un comparativo de los niveles de vida entre un peruano y un español, hoy en día, y hacen mención del nivel de desarrollo que ha tenido cada región, pero no comparto su visión pues ¿porque no hablan de un comparativo entre México y España?, desde mi punto de vista Acemoglu y Robinson bajan siempre varios escalones para comparar a los países según les conviene, y con ello poder hacer creíble su tesis. Al comparar a dos países como España y Perú la diferencia es grande, pero no hablan sobre lo que ha hecho que un país como España sea un país del primer mundo-subdesarrollado, con todos los problemas económicos y políticos que tiene hoy en día.
 
Si los autores hicieran un comparativo de países como España y México su tesis sería poco menos creible, pues tendrían que mencionar que España es un país del primer mundo subdesarrollado, pero tendrían que decir que México es un país del tercer mundo “desarrolllado” y aquí es donde carecerían de credibilidad, pues la tesis comenzaría con lagunas. España se ha hecho rico por las ayudas de la Unión Europea, además es un país más que endeudado, debe el 300% de su PIB, y eso ha hecho que los últimos 30 años España haya tenido un cambio de imagen impresionante, como el que ha tenido. (sin mencionar la cantidad de deuda pública que tienen los Estados Unidos, el país más endeudado del mundo).

Si un país como México formara parte de la Unión de América del Norte (muchos datos sobre ella en internet), países como Estados Unidos y Canadá tendrían que invertir dinero en ayudas al desarrollo de México, entonces México podría estructurar una lavada de imagen enorme. Lo que ha pasado en España es que a través de financiamiento externo se ha desarrollado, y hoy en día ese desarrollo es maquillaje porque el país no tiene un sistema apropiado para poder seguir manteniendo el nivel de vida que llevó los últimos 20 años. Entonces, si lo que Acemoglu y Robinson proponen es que los países deben estar maquillados para hacerse ver como un país de primer mundo, entramos en una contradicción muy grande.

Acemoglu y Robinson critican a los sistemas gubernamentales en África sin detenerse a explicar que son países que llevan independientes 30 ó 40 años, además ya lo menciona Pablo Bustelo, los países emergentes hoy en día (entre ellos México y Brasil y muchos otros), han avanzado en 50 años lo que a los países ricos del mundo les llevó avanzar casi 1000 años.

En el caso de Estados Unidos, es un país que ha tenido suerte, y ha estado en el lugar y en el momento adecuado. No olvidemos 1846-1848, cuando Estados Unidos invade México con el afán de apoderarse de la zona norte del país, Arizona, Texas, Nuevo México y California, al final lo logró, y la cantidad de oro del cual se apoderó, no tenemos palabras para describirlo. Los autores deberían mencionar algo de esto en el libro.

Por otra parte, hablan sobre la hipótesis de la cultura, y hacen mención del supuesto Weberiano de que los países colonizados por Ingleses son ricos por ser protestantes, y que los demás países, entre ellos los latinoamericanos han permanecido subdesarrollados por ser católicos, porque sus habitantes son intrínsecamente derrochadores, carecen de medios económicos y sufren de la cultura ibérica “ya lo haré mañana”. Ellos desmienten esta teoría argumentando que no es el caso, pues países como Francia son ricos y son altamente católicos, así como también países como Italia, etc.

Por lo tanto terminan diciendo que los aspectos culturales y en este caso la iberoamericanización de los países de América latina no es aceptable, pues comparan el desarrollo de países como Argentina y Chile, con Bolivia y Ecuador, que tienen rentas muy desiguales, luego hacen mención de lo que algunos dicen, la culpa es de la indigenización de las regiones, y entonces comparan y dicen Argentina y Chile tienen pocos indígenas, y son más prósperos, pero qué pasa con Colombia, tiene pocos indígenas y sus niveles de crecimiento son menores, a la par de Bolivia y Ecuador. En este sentido vuelvo a hacer la crítica, en ningún momento comparan a México con estas regiones, pues si en este supuesto tendrían que decir que México está inmerso en la cultura de lo ibérico por haber sido colonia española, además tiene un número de indígenas reducido, comparado con países como Bolivia o Ecuador, no obstante tiene un desarrollo mayor que estos países. Si utilizaran a México de ejemplo su tesis sería menos creible. Por el comparativo de México con Estados unidos que hacen en todo el libro.

El argumento del capítulo termina con la hipótesis de la ignorancia que afirma que la desigualdad del mundo existe porque nosotros o nuestros gobernantes no sabemos cómo hacer que un país pobre sea rico. En este tema vuelven a comparar la conquista en México y la conquista en Estados Unidos por Cortés y por Smith, y los autores argumentan que no fueron las divergencias del conocimiento o de intensiones lo que sentó las bases de la disparidad durante el periodo colonial, así como tampoco las diferencias de los conocimientos entre los presidentes que tuvo cada región, que hizo que México tuviera instituciones económicas que enriquecerían a las élites y empobrecería a la población, mientras en EEUU pasaba lo contrario. 

Ellos afirman que fueron las diferencias en los límites institucionales a los que se enfrentaban los presidentes y las élites de ambos países. Ponen el ejemplo que en África sucedió lo mismo. Terminando el argumento, diciendo, que tanto en América Latina como en África esto sucedió así, no porque los gobernantes no supieran, sino porque sabían que si lo hacían de esta forma se enriquecerían ellos mismos y enriquecerían a las élites. 

No obstante, Acemoglu y Robinson se olvidan de que, en el caso de África los Estados eran colonias, y en este caso la colonia hacía lo que la matrópoli pedía. El subdesarrollo en África no sólo se ha gestado porque las élites han querido hacerse ricas a costa de los demás. El subdesarrollo en África está ahí porque hasta hace pocos años, Europa expolió, masacró y subdesarrollo a los países africanos. En el caso de América, Estados Unidos ha avanzado a pasos agigantados, pero siempre ha sabido estar encima de los demás países americanos, incluso encima de Canadá, imponiendo sus propias reglas del juego ante los demás, y Estados Unidos también ha contribuido a que los países de América Latina estén subdesarrollados, porque también ha expoliado y ha extraído todo lo que ha podido.

Quizá mi postura se refiera más al ámbito global que al local y Acemoglu y Robinson intentan delimitar las cosas de manera local, pero creo que los autores se olvidan, o les ha convenido olvidarse de muchos acontecimientos que han tenido lugar, y que han hecho que los países ricos hoy en día sean ricos.


En una cosa estoy de acuerdo con Acemoglu y Robinson: Los países pobres lo son porque quienes tienen el poder toman decisiones que crean pobreza. No lo hacen bien, no porque se equivoquen o por su ignorancia, sino a propósito. Es aquí cuando mi tesis se enfoca más en que los países subdesarrollados deben ver más hacía otros países subdesarrollados para crecer y desarrollarse, en este sentido cuando la gestación de estas prácticas se lleve a cabo, veremos si es verdad que los países ricos seguirán siendo tan ricos como son hoy en día.

lunes, 24 de febrero de 2014

Un vuelo a ciegas "triste realidad"...

Es bonito viajar en avión. Y emocionante. Uno piensa en los lugares y en las personas todavía extrañas que encon­trará a su llegada.
Pensemos ahora en un vuelo un poco diferente, pero igual de emocionante. Nos encontramos en un avión con capa­cidad para 1.000 pasajeros, a punto de partir. Una azafata anuncia por megafonía que el vuelo durará 24 horas. Mi­ramos a nuestro alrededor. No estamos acostumbrados a ver este tipo de gente. Empezamos a hablar con la gente y a hacer estadística.
Por nacionalidades, de los 1.000 pasajeros, 584 son asiá­ticos, 124 son africanos, 95 europeos, 84 latinoamericanos, 55 soviéticos, 52 norteamericanos (sin incluir México), y 6 son australianos y neozelandeses.
En cuanto a su religión, 329 son cristianos, 178 son mu­sulmanes, 167 dicen ser no religiosos, 132 son hindúes, 60 son budistas, 45 son ateos, 3 son judíos y 86 son de otras religiones.
También nos llama la atención la edad de la gente: 330 son niños y niñas, y sólo 60 tienen más de 65 años.
Preguntamos a la gente a qué se dedican profesional­mente: 5 son soldados, 7 son profesores, 3 son refugiados que están escapando de su país por una guerra o un de­sastre natural.      .
La azafata reparte periódicos y pregunta en qué idioma desean leerlo. Hay 165 personas que hablan mandarín, 86 inglés, 83 hindi, 64 español, 58 ruso y 37 árabe. Los otros hablan, por orden de cantidad, bengalí, portugués, indo­nesio, japonés, alemán, francés y otros 200 idiomas. Será difícil que nos entendamos. Además, de los 670 adultos, la mitad contestan a la azafata que no se moleste, pues no saben ni leer ni escribir.
Ya estamos en pleno vuelo. Nos sorprende cómo sirven el desayuno. No por el servicio en sí, sino por la forma de distribuirlo. Hay 25 pasajeros que tienen 3 bandejas de desayuno cada uno. Y además son todos europeos o nor­teamericanos. Entre ellos se lo reparten o se lo roban. Alguno incluso se queda sin bandeja, otros comen hasta 4 o 5 bandejas. Pero, en cambio, 55 personas sólo tienen medio café y medio cruasán. Aunque alguno se queda con el de los demás y se toma hasta 4 bandejas. Y 20 simple­mente no tienen nada para desayunar.
Ha pasado ya una hora. Todavía nos causa más sorpresa cuando descubrimos que 10 pasajeros que creíamos dormidos, están... ¡muertos! Se oye a muchos recién nacidos llorar: 28 mujeres han dado a luz en el recinto de los servicios. Después de sólo una hora, ya somos 1.018 en el avión. Con un rápido cálculo, descubrimos que seremos 1.432 al final del vuelo.
Han pasado ya 6 horas. Llega la hora de comer. Sorpren­dentemente, vuelven a comer sobradamente los mismos del desayuno. Incluso un poco más proporcionalmente que en la primera comida.
Cuando llevamos 10 horas de vuelo, ya no lo podemos so­portar más, y corremos a preguntar a la azafata, pues creemos que nosotros nada podemos hacer. Ella nos con­firma que los 100 «dormidos» que hay ahora han fallecido realmente. Y nos explica las causas: 30 de hambre, 10 de cáncer y 10 son bebés que han muerto al nacer. Los otros 50 han muerto por otras enfermedades, por accidente o por muerte violenta.
Le preguntamos por qué no dan de comer a todos igual. Le proponemos que destinen parte del dinero que hemos pagado por los billetes a resolver los problemas que está habiendo. Nos contesta que ya se han gastado los 3 mi­llones de pesetas de recaudación: 159.000 pesetas en edu­car a los pasajeros más jóvenes, 132.000 pesetas en sa­nidad, y 181.000 pesetas en armas, por si hay peleas violentas dentro del avión.
No podemos creerlo. Entramos en la cabina del piloto. Le bombardeamos a preguntas:
  1. ¿Cómo se ha llegado a esa situación?
  2. ¿Quién es el responsable?
  3. ¿Por qué existen tantas diferencias?
  4. ¿Cómo puede morir tanta gente?
  5. ¿Tenemos suficientes recursos en el avión para todos los pasajeros y los que van naciendo?
  6. Por cierto, ¿hacia dónde vamos?
Fuente: Juán Claudio Rodríguez-Ferrera